ESOPO.
Un tocador de cítara sin talento cantaba desde la mañana a
la noche en una casa con las paredes muy bien estucadas. Como las
paredes le devolvían el eco, se imaginó que tenía una voz magnífica, y
tanto se lo creyó, que resolvió presentarse en el teatro; pero una vez
en la escena cantó tan mal, que lo arrojaron a pedradas.
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