lunes, 12 de junio de 2017

EL KIMONO.


Cuento Zen.

Voy a contar la historia de Ikyu, un célebre monje del pasado.

 
Ikyu significa reposo, descanso.

Era hijo del emperador. Lo confió a un templo; pero todo el mundo sabía que era un príncipe.
Más tarde llegó a ser abad del templo más bello de Kyoto, e introdujo la ceremonia del té, de la que es el fundador.

Su kimono estaba deshilachado como el de un mendigo.
Un día, un hombre rico lo invitó a una ceremonia conmemorativa por sus antepasados. Ikyu se presentó en la mansión vestido como un mendigo porque vivía muy pobremente, y los criados, tomándolo por un pordiosero, lo echaron.

Entonces, Ikyu volvió al templo y por primera vez, se puso un bellísimo kimono violeta, un rakusu dorado, bonitos zapatos y un hábito de seda blanca. Vestido así se dirigió a casa del hombre rico donde le estaban esperando. Allí recitó sus oraciones.

Cuando terminó la ceremonia se dirigió al comedor y los criados pusieron manjares deliciosos ante él. Su mesa estaba cubierta de platos.

En Japón, se pone una mesa ante cada invitado; a veces hasta tres mesas en los banquetes más refinados. Entonces Ikyu dobló su kimono.

“Tendrá ganas de beber”, pensaron sus anfitriones. Pero él puso su kimono ante la mesa y no tocó los platos.
— ¿Por qué no come usted? –le preguntaron.
Ikyu respondió:
— Este banquete no me ha sido ofrecido a mí. Le ha sido ofrecido a este kimono violeta, así que él es quien debe comérselo.

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