ANTHONY DE MELLO.
Caminaba con mi padre cuando se detuvo en una
curva y después de un pequeño silencio me preguntó: "¿Oyes algo más que
el cantar de los pájaros?" Agudicé mis oídos y algunos segundos después
le respondí: "Sí, es el ruido de una carreta." "Eso es" - dijo mi padre -
"Es una carreta vacía." Pregunté a mi padre: "¿Cómo sabes que es una
carreta vacía, si aún no la vemos?" Entonces mi padre respondió: "Es muy
fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto
más vacía esté, mayor es el ruido que hace."
Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y echando de menos a la gente, o a aquellos que no pueden estar sin el estímulo de un televisor o de parlantes que impiden todo tipo de diálogo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace".
Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y echando de menos a la gente, o a aquellos que no pueden estar sin el estímulo de un televisor o de parlantes que impiden todo tipo de diálogo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace".
Pienso lo mismo. Pero también es bueno hablar (pensando lo que se dice), es el mejor antídoto para la depresión; y además no cuesta dinero.
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