Marc E. Boillat de Corgemont Sartorio
Akela era un perro sano y
fuerte. Pero esto no es todo, ya que era un perro especial y muy
conocido por una rarísima particularidad: era superinteligente. Un día,
viendo que tanto Akela como su dueño habían desaparecido, los amigos de
éste último decidieron ir a su casa para ver que había pasado. Subieron
todas las escaleras que llevaban al último piso donde vivían Akela y su
amo. Con sorpresa, encontraron al dueño de Akela en un estado depresivo
piadoso. "¿Qué te pasa?" -preguntaron los amigos preocupados- "es que...
es que... ¡Akela se ha muerto!". El dueño empezó a llorar sin ni
siquiera poder hablar. Por mucho que los amigos le preguntaran cómo
había pasado, él no podía articular frase a causa de su desesperación.
Sólo podía reiterar y hacer hincapié en la extraordinaria inteligencia
de Akela, en el hecho que seguramente no encontraría otro perro así y en
que era mucho más inteligente que muchos humanos y sólo le faltaba el
habla. Alguien preparó una tila para que el consternado dueño se
calmara. Al cabo de un largo rato el pobre hombre estaba listo para
resumir los hechos que habían llevado a Akela a su fin. "Ya sabéis
-dijo- en esta casa acostumbramos a tener las ventanas cerradas, Un día
me olvidé de cerrar una. En la calle había un perro que ladraba y Akela
le oyó. Saltó por la ventana y ...¡Pobre Akela...era tan
inteligente...!".
Lo siento pero no se me ocurre nada.
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