sábado, 9 de julio de 2016

NARADA.


ANTHONY DE MELLO.

El sabio indio Narada partió en peregrinación hacia el templo del Señor Vishnú. Una noche se detuvo en una aldea y le dieron asilo en la choza de una pobre pareja. A la mañana siguiente, antes de que marchara, el hombre le dijo a Narada: "Ya que vas a ver al Señor Vishnú, pídele que nos conceda un hijo a mi mujer y a mí, porque son muchos años ya los que llevamos sin descendencia".

Cuando Narada llegó al templo, dijo al Señor: "Aquel hombre y su mujer fueron muy amables conmigo. Ten compasión de ellos y dales un hijo". El Señor, de un modo terminante, le replicó: "En el destino de se hombre no está el tener hijos". De modo que Narada, una vez hechas sus devociones, regresó a casa.

Cinco años más tarde emprendió la misma peregrinación y se detuvo en la misma aldea, siendo hospedado una vez más por la misma pareja. Pero en esta ocasión había dos niños jugando a la entrada de la choza.

"¿De quién son estos niños?", preguntó Narada. "Míos", respondió el hombre.

Narada quedó desconcertado. Y el hombre prosiguió: "Hace cinco años, poco después de que tú te marcharas, llegó a nuestra aldea un santo mendigo. Nosotros le dimos hospedaje aquella noche. Y a la mañana siguiente, antes de partir, nos bendijo a mi mujer y a mí... y el Señor nos ha dado estos dos hijos".

Cuando Narada lo oyó, no pudo esperar más y marchó inmediatamente al templo del Señor Vishnú. Una vez allí, gritó desde la misma entrada del templo: "¿No me dijiste que no estaba en el destino de aquel hombre el tener hijos? ¿Cómo es que ahora tiene dos?"

Cuando el Señor le oyó, rio sonoramente y dijo: "Debe de haber sido cosa de un santo. Los santos tienen el poder de cambiar el destino".

Uno recuerda instintivamente una fiesta de bodas en la que la madre de Jesús, por medio de sus súplicas, consiguió que su hijo realizara un milagro antes de lo previsto en su destino.

viernes, 8 de julio de 2016

LA ORACIÓN PUEDE SER PELIGROSA.


ANTHONY DE MELLO.

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He aquí una de las historias predilectas del Maestro de sufi Sa'di de Shiraz:

Cierto amigo mío estaba encantado de que su mujer hubiera quedado embarazada. El deseaba ardientemente tener un hijo varón y así se lo pedía a Dios sin cesar, haciéndole una serie de promesas.

Sucedió que su mujer dio a luz a un niño, por lo que mi amigo se alegró enormemente e invitó a una fiesta a toda la aldea.

Años más tarde, volviendo yo de la Meca, pasé por la aldea de mi amigo y me enteré de que estaba en la cárcel.

"¿Por qué? ¿Qué es lo que has hecho?", pregunté.

Sus vecinos me dijeron: "Su hijo se emborrachó, mató a un hombre y salió huyendo. De manera que arrestaron al padre y lo metieron en la cárcel".



En verdad que pedir a Dios insistentemente lo que deseamos es un ejercicio realmente loable.

Pero también muy peligroso.

jueves, 7 de julio de 2016

NOSOTROS SOMOS TRES, TÚ ERES TRES.


ANTHONY DE MELLO.

Cuando el barco del obispo se detuvo durante un día en una isla remota, decidió emplear la jornada del modo más provechoso posible. Deambulaba por la playa cuando se encontró con tres pescadores que estaban reparando sus redes y que, en su elemental inglés, le explicaron cómo habían sido evangelizados siglos atrás por los misioneros. "Nosotros ser cristianos", le dijeron, señalándose orgullosamente a sí mismos.

El obispo quedó impresionado. Al preguntarles si conocían la Oración del Señor, le respondieron que jamás la habían oído. El obispo sintió una auténtica conmoción. ¿Cómo podían llamarse cristianos si no sabían algo tan elemental como el Padrenuestro?

"Entonces, ¿Qué decís cuando rezáis?"

"Nosotros levantar los ojos al cielo. Nosotros decir: "Nosotros somos tres, Tú eres tres, ten piedad de nosotros"". Al obispo le horrorizó el carácter primitivo y hasta herético de su oración. De manera que empleó el resto del día en enseñarles el Padrenuestro. Los pescadores tardaban en aprender, pero pusieron todo su empeño y, antes de que el obispo zarpara al día siguiente, tuvo la satisfacción de oír de sus labios toda la oración sin un solo fallo.

Meses más tarde el barco del obispo acertó a pasar por aquellas islas y, mientras el obispo paseaba por la cubierta rezando sus oraciones vespertinas, recordó con agrado que en aquella isla remota había tres hombres que, gracias a pacientes esfuerzos, podían ahora rezar como era debido. Mientras pensaba esto, sucedió que levantó los ojos y divisó un punto de luz hacia el este. La luz se acercaba al barco y, para su asombro, vio tres figuras que caminaban hacia él sobre el agua. El capitán deburo el barco y todos los marineros se asomaron por la borda a observar aquel asombroso espectáculo.

Cuando se hallaban a una distancia desde donde podían hablar, el obispo reconoció a sus tres amigos, los pescadores. "¡Obispo!", exclamaron, "nosotros alegrarnos de verte. Nosotros oír tu barco pasar cerca de la isla y correr a verte".

"¿Qué deseáis?", le dijeron, "nosotros tristes. Nosotros olvidar bonita oración. Nosotros decir: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino..." Después olvidar, Por favor, decirnos otra vez toda la oración".

El obispo se sintió humillado. "Volved a vuestras casas, mis buenos amigos", les dijo, "y cuando recéis, decid: "Nosotros somos tres, tú eres tres, ten piedad de nosotros"".



A veces he visto a mujeres ancianas rezar interminables rosarios en la iglesia. ¿Cómo va a glorificar a Dios ese incoherente palabreo? Pero siempre me he fijado en sus ojos o en sus rostros alzados al cielo, he sabido en el fondo que ellas están más cerca de Dios que muchos hombres doctos.

miércoles, 6 de julio de 2016

EL CATECÚMENO ÁRABE


ANTHONY DE MELLO.

Al Maestro árabe Jalal ud-Din Rumi le gustaba contar la siguiente historia:

Se hallaba un día el profeta Mohema presentando la oración matutina en la mezquita.
Entre la multitud de los fieles se encontraba un joven catecúmeno árabe.

Mahoma comenzó a leer el Corán recitando el versículo en que el Faraón afirma: "Yo soy tu verdadero Dios". Al oírlo, el joven catecúmeno sintió tanta ira que rompió el silencio y gritó: "¿Será fanfarrón, el muy hijo de puta?".

El profeta no dijo nada, pero cuando acabaron las oraciones, los demás comenzaron a increpar al árabe: "¿No te da vergüenza? Has de saber que tu oración le desagrada a Dios, porque no sólo has roto el santo silencio de la oración, sino que además has usado un lenguaje obsceno en presencia del profeta de Dios".

El pobre árabe enrojeció de vergüenza y se puso a temblar de miedo, hasta que Gabriel se le apareció al profeta y le dijo: "Dios te manda sus saludos y te desea que hagas que esa gente deje de increpar a ese sencillo árabe; en realidad, su sincero juramento ha movido su corazón más que las santas plegarias de muchos otros".

Cuando oramos, Dios se fija en nuestro corazón, no en nuestras fórmulas.

martes, 5 de julio de 2016

MI AMIGO.


ANTHONY DE MELLO.

Malik, hijo de Dinar, estaba muy preocupadopor la disoluta conducta de un libertino joven que vivía en la casa contigua a la suya.
Durante mucho tiempo no hizo nada al respecto, en la esperanza de que hubiera alguien que interveniera. Pero cuando la conducta del joven se hizo absolutamente intolerable, Malik se dirigió a él y le pidió que cambiara su modo de ser.

Con toda tranquilidad, el joven informó a Malik de que él era un protegido del Sultán y, por lo tanto, nadie podía impedirle vivir como a él se le antojara.

Malik le dijo: "Yo, personalmente, me quejaré al Sultán". Y el joven le respondió: "ASerá completamente inútil, porque el Sultán jamás cambiará su opinión acerca de mí".

"Entonces le hablaré de ti al Sumo Creador", replicó Malik. "El Sumo Creador", dijo el joven, "es demasiado misericordioso como para reprocharme nada".

Malik quedó totalmente desarmado, por lo que desistió de su intento. Pero al pcco tiempo la reputación del joven se hizo tan pésima que origió la repulsa general. Malik decidió entonces que debía intentar reprenderle. Pero, cuando se dirigía a la casa del joven, oyó una voz que le decía: "No toques a mi amigo. Está bajo mi protección". A Malik, esto le produjo una enorme confusión y, cuando se vio en presencia del joven, no supo qué decirle.

El joven le preguntó: "¿A qué has venido?;". Respondió Malik: "Venía a reprenderte, pero cuando me dirigía hacia aquí una Voz me dijo que no te tocara, porque estabas bajo Su protección".

El rostro del disolouto joven se transformó. "¿De veras me llamó amigo suyo?", preguntó. Pero para entonces Malik ya se había marchado. Años más tarde, Malik se encontró con él en La Meca. Las palabras de la Voz le habían impresionado de tal modo que había renunciado a todos sus bienes y se había hecho un mendigo errante. "He venido aquí en busca de mi Amigo", le dijo a Malik. Y, dicho esto, murió.



¿Dios, amigo de un pecador? Semejante afirmación es tan arriesgada como real. Yo me la apliqué a mí mismo cuando, en cierta ocasión, dije: "Dios es demasiado misericordioso como para reprocharme nada". Y al instante escuché la Buena Noticia por primera vez en mi vida.

lunes, 4 de julio de 2016

DIENTES DE LEÓN.


ANTHONY DE MELLO.


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Un hombre que se sentía orgullosísimo del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de "dientes de león". Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.

Al fin escribió al ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía preguntando: "¿Qué puedo hacer?".

Al poco tiempo llegó la respuesta: "Le sugerimos que aprenda a amarlos".

También yo tenía un césped del que estaba muy orgulloso, y también sufrí una plaga de "dientes de león" que traté de combatir con todos los medios a mi alcance. De modo que el aprender a amarlos no fue nada fácil.

Comencé por hablarles todos los días cordial y amistosamente. Pero ellos sólo respondían con su hosco silencio. Aún les dolía la batalla que había librado contra ellos. Probablemente recelaban de mis motivos.

Pero no tuve que aguardar mucho tiempo a que volvieran a sonreír y a recuperar su sosiego. Incluso respondían ya a lo que yo les decía. Pronto fuimos amigos.

Por supuesto que mi césped quedó arruinado, pero ¡qué delicioso se hizo mi jardín!

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Poco a poco iba quedándose ciego, a pesar de que trató de evitarlo por todos los medios. Y cuando las medicinas ya no surtían efecto, tuvo que combatir con todas sus emociones. Yo mismo necesitaba armarme de valor para decirle: Te sugiero que aprendas a amar tu ceguera".

Fue una verdadera lucha. Al principio se resistía a trabar contaco con ella, a decirle una sola palabra. Y cuando, al fin, consiguió hablar con su ceguera, sus palabras eran de enfado y amargura. Pero siguió hablando y, poco a poco, las palabras fueron haciéndose palabras de resignación, de tolerancia y de aceptación..., hasta que un día, para su sorpresa, se hicieron palabras de simpatía... y de amor. Había llegado el momento en que fue capaz de rodear con su brazo a su ceguera y decirle: "Te amo". Y aquel día le vi sonreír de nuevo. Y ¡qué sonrisa tan dulce...!

Naturalmente que había perdido la vista para siempre. Pero ¡qué bello se hizo su rostro...! Mucho más bello que antes de que le sobreviniera la ceguera.

domingo, 3 de julio de 2016

VESTIMENTAS LITÚRGICAS.


ANTHONY DE MELLO.

Octubre de 1917: Ha nacido la Revolución Rusa.
La historia humana ha adquirido una nueva dimensión.

Dice la historia que aquel mismo mes se reunión en asamblea la Iglesia Ortodoxa Rusa y que tuvo lugar un apasionado debate acerca del color del sobrepelliz que había que usar en las funciones litúrgicas.
Algunos insistieron vehementemente en que debería ser blanco, mientras que otros defendían, con la misma vehemencia, que debería ser morado.

Nerón tocaba la lira mientras ardía Roma.


Luchar a brazo partido con una revolución es infinitamente más molesto que organizar una preciosa liturgia. Preferiría recitar mis oraciones antes que mezclarme en reyertas de vecindario.