sábado, 28 de febrero de 2015

PENSAR BIEN DE LOS DEMÁS.

(ANTHONY DE MELLO)
Érase una vez un sacerdote tan santo que jamás pensaba mal de nadie.
Un día, estaba sentado en un restaurante tomando una taza de café – que era todo lo que podía tomar, por ser día ayuno y abstinencia- cuando, para su sorpresa, vio a un joven miembro de su congregación devorando un enorme filete en la mesa de al lado.
“Espero no haberle escandalizado, padre”, dijo el joven con una sonrisa.
“De ningún modo. Supongo que has olvidado que hoy es día de ayuno y abstinencia”, replicó el sacerdote.
“No, padre. Lo he recordado perfectamente…”
“Entonces, seguramente estás enfermo y el médico te ha prohibido ayunar…”
“En absoluto. No puedo estar más sano.”
Entonces, el sacerdote alzó sus ojos al cielo y dijo:
¡”Qué extraordinario ejemplo nos da esta joven generación, Señor! ¿Has visto cómo este joven prefiere reconocer sus pecados antes que decir una mentira?”. 

viernes, 27 de febrero de 2015

EL PERRO

(ÁRABE. LAS MIL Y UNA NOCHES)
Se cuenta que un hombre, reducido a la mendicidad, abandonó su gente y se fue a la aventura.
Extenuado por el hambre y el cansancio, llegó a una ciudad de grandiosos palacios, y se encontró siguiendo a un grupo de altos personajes, todos encaminados en la misma dirección.
La comitiva entró en una especie de palacio real, donde un anfitrión de aspecto imponente recibía a los visitantes rodeado de pajes. Se les ofreció un suntuoso banquete; pero nuestro hombre se mantuvo apartado, escondido y todo confundido, con la esperanza de que nadie lo descubriera.
Mientras el mendigo permanecía escondido y todos comían, he aquí que llega un paje con cuatro perros de caza, vestidos con gualdrapa de brocados, collares de oro y frenos de plata. El lacayo amarró cada perro al puesto que le estaba reservado, y puso delante de cada uno de ellos un plato de oro colmado de exquisitos manjares.
Afligido por el hambre, el hombre contemplaba aquella comida, y hubiera deseado acercarse a uno de aquellos perros para comer con él, pero el miedo se lo impedía.
Cuando he aquí que uno de los perros levantó los ojos del plato y lo miró: El Altísimo le inspiraba el conocimiento de las condiciones de aquel desgraciado. El perro se apartó del plato, haciendo una señal al hombre para que se acercara.
El mendigo se acercó y comió; después hizo ademán de irse, pero el perro le hizo una señal para que se llevara también el plato, con la comida que había quedado; y con la pata lo empujaba hacia él. Entonces el hombre recogió el plato que era de oro macizo, y huyó del palacio sin que nadie lo advirtiese.
Atontado por lo sucedido, estaba pensando para sí:
“¿Pero cómo es posible que un perro –criatura inferior y privado de inteligencia- se haya dado cuenta de un hecho que escapaba a la mirada del hombre, y haya sido capaz de cumplir con una acción tan noble?”
Entonces le respondió el Espíritu de Dios que habla al corazón:
“Yo me sirvo de cualquier criatura mía para mis fines de misericordia. Estaba hablando a cada uno de aquellos comensales, pero ninguno prestaba atención a mis palabras. Todos estaban muy ocupados en sus asuntos. Solamente aquel perro lo oyó, y haciéndome caso, ha llegado a ser así el vehículo de mi providencia para ayudarte”. 

Nori, el perro con rostro humano

jueves, 26 de febrero de 2015

ENCUENTRO EN EL TREN.

-Iba yo solo en el departamento del tren. Luego subió una chica –contaba un joven indio ciego-. El hombre y la mujer que habían venido a despedirla debían ser sus padres. Le hicieron muchas recomendaciones. Como yo estaba ciego, no podía saber que aspecto tenía la chica.
-¿Va a Dehra Dun? Me preguntaba si sería capaz de impedir que descubriese que yo no veía.
-Voy a Saharanpur –dijo la chica-. Allí saldrá a buscarme mi tía. Y usted ¿a dónde va?
-A Dehra Dun, y luego a Mussoorie –respondí.
-¡Qué suerte tiene! Me gustaría tanto ir a Mussoorie. Me encanta la montaña. Especialmente en octubre.
-Sí, es la estación mejor –dije, recurriendo a mis recuerdos de cuando no había perdido la vista-. Las colinas están sembradas de dalias silvestres, el sol es delicioso y, por la noche se puede pasar un buen rato frente al fuego.
Ella guardaba silencio y me pregunté si mis palabras le habían impresionado o si me consideraba un romántico sentimental. Luego cometí un error.
-¿Qué tal tiempo hace fuera? –Le pregunté.
Pero ella no pareció encontrar nada extraño en mi pregunta. ¿Se habría dado ya cuenta de que era ciego? Pero las palabras que dijo luego me quitaron cualquier duda.
-¿Por qué no se asoma por la ventanilla? – me preguntó con absoluta naturalidad.
Me deslicé sobre el asiento y busqué con el tacto la ventanilla. Con los ojos de la fantasía, veía pasar rápidamente los postes del telégrafo.
-¿Se ha dado cuenta –me atreví a decir- cómo parece que los árboles se mueven, mientras nosotros estamos quietos?
-Siempre es así –respondió ella.
Me volví hacia la chica y durante un rato seguimos sentados en silencio.
Tiene usted un rostro atractivo –dije luego.
Ella se rió con ganas, una carcajada clara y sonora.
-Me agrada oírselo decir –dijo. Estoy harta de los que me dicen que tengo una carita india.
-Bueno, un rostro atractivo puede ser también muy bello.
-Usted es un galante –dijo. Pero ¿por qué está tan serio?
-Está a punto de llegar –dije en tono más bien brusco.
-Gracias a Dios. No soporto los viajes largos en tren.
El tren llegó a la estación. Una voz llamó a la muchacha que se fue, dejando tras de sí sólo un perfume. Un hombre entró en el departamento, farfullando cuatro palabras. El tren partió de nuevo. Una vez más podía repetir mi juego con otro compañero de viaje.
-Siento no ser un compañero atractivo como la que acaba de salir –me dijo él.
-Era una chica interesante –dijo yo-. Podría decirme… ¿tenía el pelo largo o corto?
-No me he fijado –respondió en tono dubitativo-. Son sus ojos los que se me han quedado clavados, no su pelo. ¡Tenía unos ojos tan hermosos! Lástima que no le sirviesen para nada… estaba completamente ciega. ¿No lo había notado?
¡Dos ciegos que fingen ver! ¡Cuántos encuentros humanos son así! Por miedo a poner al descubierto lo que uno es. Y así se pierden las citas decisivas de la vida. 

Resultado de imagen de trenes antiguos

miércoles, 25 de febrero de 2015

EL OBISPO EPIFANIO Y EL ABAD HILARIÓN.

(J. LÓPEZ MELUS)
En la “Vida de los Padres” se que cuenta que Epifanio, obispo de Chipre, invitó una vez a Hilarión.
“Ven a mi casa para que podamos conocernos antes de morir”. Cuando estaban juntos, sentados a la mesa, les presentaron carnes de diversas aves y el obispo las puso ante Hilarión. El anciano abad se excusó:
-Perdóname, padre. Desde que tomé el hábito monástico no he probado jamás la carne.
El obispo le replicó:
-Yo, por el contrario, desde que llevo las insignias episcopales no he permitido nunca que alguien se acueste teniéndome rencor, y no he sido capaz de dormir antes de reconciliarme con quien me había contrariado.
Entonces dijo el abad:
-Perdóname, padre. Tu progreso en el camino de la vida está mucho más allá del que yo he logrado. Acabo de comprender que para un cristiano es más importante practicar el perdón y la solidaridad que hacer penitencias. 
Resultado de imagen de el obispo epifanio y el abad hilarion

martes, 24 de febrero de 2015

COMPARTIR EL DOLOR DEL PRÓJIMO.

El hambre desolaba la ciudad de Damasco… Ninguna lluvia caía del cielo sobre la seca tierra, los árboles se morían en los vergeles, las fuentes se agotaban, los bosques ya no tenían ni hojas ni frutos, las colinas estaban sin verdura y sin pájaros y los hombres se veían, por lo tanto, obligados a comer langostas.
En medio de esta general desolación, hallé a uno de mis amigos, gran personaje, lleno de honores y poseedor de una fortuna inmensa.
Sin embargo, ya no conservaba más que los huesos y la piel, por lo que hube de manifestarle mi sorpresa: “¿Qué accidente –le dije- te ha puesto en un estado tan lamentable?”
Y me respondió encolerizado:
-“¿No ves qué azote destruye la comarca? La miseria ha llegado a su apogeo, el cielo no deja caer la lluvia y la queda de los hombres no puede subir hasta el cielo”.
Yo le contesté:
-“¿Por qué te apuras? Tú eres rico y no puedes, como los demás, morir en la miseria?”
Mi amigo me dirigió entonces una mirada de lástima semejante a la que se dirige a los ignorantes.
-“El hombre de corazón –me dijo- no permanece en la orilla cuando sus compañeros son arrastrados por la corriente; no es el hambre lo que hunde mis mejillas y da a mi frente el color del marfil; es la angustia por aquellos a quienes la miseria consume. El sabio teme más el sufrimiento de los demás que el suyo propio y el hombre bueno debe siempre compartir el dolor de su prójimo. Cuando contemplo a mi alrededor a tantos desgraciados que perecen de hambre y de sed, tengo horror a los alimentos como se tiene horror al veneno.
Un jardín lleno de luz y de pájaros pierde todo su encanto, al pensar en el amigo que gime en una prisión húmeda y negra”. 

 

lunes, 23 de febrero de 2015

EL AMANTE PERDIDO.

(ANTHONY DE MELLO).
Un amante estuvo durante meses pretendiendo a su amada sin éxito, sufriendo el atroz padecimiento de verse rechazado. Al fin su amada cedió: “Acude a tal lugar a tal hora”, le dijo. Y allí, a la hora fijada, al fin se encontró el amante junto a su amada. Entonces metió la mano en el bolso y sacó un fajo de cartas de amor que había escrito durante los últimos meses. Eran cartas apasionadas en las que expresaba su amor y la unión con ella. Y se puso a leérselas a su amada. Pasaron las horas y él seguía leyendo.
Por fin dijo la mujer: “¿Qué clase de estúpido eres? Todas esas cartas hablan de mí y del deseo que tienes de mí. Pues bien, ahora me tienes junto a ti y no haces más que leer tus estúpidas cartas. 

domingo, 22 de febrero de 2015

EL CLUB DEL REFUGIO.

Barcos De Pesca Tradicionales Locales Bajo Refugio Durante ...
(JOSÉ DAVID. Juegos y trabajo social. Editorial Humanitas)
Era una costa peligrosa. Golpeada por el oleaje y los grandes huracanes. La costa había sido testigo de innumerables naufragios. La fama de la zona era reconocida por todo el mundo. Los capitanes de los grandes barcos procuraban no pasar cerca de esa costa por el peligro de naufragio. Sin embargo, cada año, varios barcos se hundían en las rocas y arrecifes por esos lugares.
Los que vivían en esa parte, siendo misericordiosos, decidieron establecer un pequeño rancho sencillo en la costa, con un equipo salvavidas. Hicieron campañas, año tras año, para recoger fondos y así poder sostener el humilde refugio. El equipo de salvavidas se volvió experto con mucha práctica y el número de personas perdidas iba disminuyendo.
La fama del pequeño refugio creció y varios ricos de buena voluntad dejaron en herencia dinero para mantenerlo. Al final, se notó que los fondos del refugio eran muchos. Fue necesario nombrar un tesorero y comité para controlar bien el dinero. Así lo hicieron.
Un día, un barco de primera categoría –con pasajeros ricos- se hundió cerca del refugio. Los salvavidas salieron con sus lanchas para salvar a los pasajeros. Cuando los llevaron al refugio, tenían vergüenza de las condiciones tan pobres del lugar. En la próxima reunión del comité pro mantenimiento, decidieron mejorar las condiciones del refugio para poder servir mejor a los pobres náufragos. A la vez, tomaron la decisión de dar sueldos a los salvavidas (que antes eran voluntarios) para poder servir mejor a esos mismos náufragos. Se creó “un comité pro mejoramiento del refugio”. Ellos resolvieron conseguir un decorado interior para hacer el refugio más presentable y poder recibir mejor a los pobres náufragos. El decorador hizo bien su trabajo y el edificio resultó muy bello.
La fama del refugio iba creciendo. Mientras tanto, muchas personas pidieron ser miembros del equipo salvavidas aunque fuera como miembros honorarios. Contribuyeron ellos con fondos propios para mantener el lugar. Uno de ellos hizo una bandera especial para el refugio y otro –con mucha iniciativa creadora- sugirió un tema y cambió de nombre el refugio, así como un reglamento específico. Así, la institución pasó a llamarse. “El Club del Refugio”.
El comité hizo un libro especial, reuniendo todos los reglamentos y las tradiciones más importantes para los miembros. Fue igualmente organizado un rito de iniciación para admisión de los nuevos miembros del Club.
La fama de “El Club del Refugio” creció aún más. En el sitio se ubicó un gran restaurante para atender a los socios. Progresivamente aparecieron canchas de tenis, salones de fiestas, etc.
Un día, durante la reunión-almuerzo de los miembros, ocurrió un naufragio. El equipo de salvavidas salió para salvar a las víctimas. Cuando llegaron, estaban mojados, sucios. Entre los náufragos había blancos, negros, amarillos –gente de toda clase- porque la nave que se había hundido era un barco que llevaba trabajadores pobres que buscaban trabajo en otra parte. Al ver a las víctimas, la dirección del Club del Refugio se reunió en asamblea de urgencia y proporcionó el garaje para alojamiento de los náufragos, por un corto periodo, ya que el sitio sería pronto usado para recibir a los invitados a las fiestas nocturnas del Club.
Esa noche, en una sesión extraordinaria, se decidió que si algunos miembros querían hacer entrar tales tipos en el Refugio, sería mejor construir un pequeño rancho sencillo más allá de la costa, para salvar náufragos futuros.