sábado, 7 de mayo de 2016

EL ESCOZOR DEL DERVICHE.

ANTHONY DE MELLO.
Estaba pacíficamente sentado un derviche a la orilla de un río cuando un transeúnte que pasó por allí, al ver la parte posterior de su cuello desnudo, no pudo resistir la tentación de darle un sonoro golpe. Y quedó encantado del sonido que su golpe había producido en el cuello del derviche, pero éste se dolía del escozor y se levantó para devolverle el golpe.

“Espera un momento”, dijo el agresor. “Puedes devolverme el golpe si quieres, pero respóndeme primero a la pregunta que quiero hacerte. ¿Qué es lo que ha producido el ruido mi mano o tu cuello?

Y replicó el derviche. “Respóndete tú mismo. A mí, el dolor no me permite teorizar. Tú puedes hacerlo porque no sientes lo mismo que yo”.

Cuando se experimenta lo divino, se reducen considerablemente las ganas de teorizar.

viernes, 6 de mayo de 2016

TOMÁS DE AQUINO DEJA DE ESCRIBIR.

ANTHONY DE MELLO.
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Cuentan las crónicas que Tomás de Aquino, uno de los teólogos más portentosos de la historia, hacia el final de su vida dejó de pronto de escribir. Cuando su secretario se le quejaba de que su obra estaba sin concluir, Tomás le replicó: “Hermano Reginaldo, hace unos meses, celebrando la liturgia, experimenté algo de lo Divino. Aquel día perdí todas las ganas que tenía de escribir. En realidad, todo lo que he escrito acerca de Dios me parece ahora como si no fuera más que paja”.

¿Cómo puede ser de otra manera cuando el intelectual se hace místico?

Cuando el místico bajó de la montaña se le acercó el ateo, el cual le dijo con aire sarcástico:
“¿Qué nos has traído del jardín de las delicias en el que has estado?”.

Y el místico le respondió: “En realidad tuve intención de llenar mi faldón de flores para, a mi regreso, regalar algunas de ellas a mis amigos. Pero estando allí, de tal forma me embriagó la fragancia del jardín que hasta me olvidé del faldón”.

Los maestros de Zen lo expresan más concisamente: “El que sabe no habla. El que habla no sabe”.

jueves, 5 de mayo de 2016

EL EXPLORADOR.

ANTHONY DE MELLO.
El explorador había regresado junto a los suyos, que estaban ansiosos por saberlo todo acerca del Amazonas. Pero ¿cómo podía él expresar con palabras la sensación que había inundado su corazón cuando contempló aquellas flores de sobrecogedora belleza y escuchó los sonidos nocturnos de la selva?

¿Cómo comunicar lo que sintió en su corazón cuando se dio cuenta del peligro de las fieras o cuando conducía su canoa por las inciertas aguas del río?

Y les dijo: “Id y descubridlo vosotros mismos. Nada puede sustituir el riesgo y a la experiencia personales”. Pero, para orientarles, les hizo un mapa del Amazonas.

Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en el Ayuntamiento. E hicieron copias de él para cada uno. Y todo el que tenía una copia se consideraba un experto en el Amazonas, pues ¿no conocía acaso cada vuelta y cada recodo del río, y cuán ancho y profundo era, y dónde había rápidos y dónde se hallaban las cascadas?

El explorador se lamentó toda su vida de haber hecho aquel mapa. Habría sido preferible no haberlo hecho.

Cuentan que Buda se negaba resueltamente a hablar de Dios.

Probablemente sabía los peligros de hacer mapas para expertos en potencia.

miércoles, 4 de mayo de 2016

EL SECRETO DEL ESCLAVO.

EL SECRETO DEL ESCLAVO.
(POPULAR HINDÚ)

Ayaz era el compañero y esclavo del gran monarca de Ghazna. Había llegado a la corte como un esclavo mendigo, y el rey le había hecho su consejero y amigo.

Los demás cortesanos estaban celosos de Ayaz y observaban todos sus movimientos con la intención de denunciarlo por alguna falta, y así ver su caída. Un día, estos celosos cortesanos, fueron al rey y le dijeron:

- Sombra de Alá sobre la tierra. Debes saber que, infatigables siempre a tu servicio, hemos tenido a tu esclavo Ayaz bajo minuciosa vigilancia, y que todos los días, tan pronto como se retira de la corte, Ayaz va a un cuarto donde a nadie se le permite entrar, pasa algún tiempo allí y después se dirige a sus propios aposentos. Tememos que este hábito suyo pueda estar relacionado con un secreto culpable: quizá trama algo para matar a su Majestad.

Durante largo tiempo el monarca se negó a oír algo en contra de Ayaz, pero el misterio del cuarto cerrado le inquietaba, hasta que decidió que tenía que preguntarle a Ayaz. Un día cuando Ayaz salía de su cuarto misterioso, el rey, rodeado por cortesanos, apareció y ordenó que se le enseñara el cuarto.

- No, - dijo Ayaz.
- Si no me permites entrar en el cuarto, desaparecerá toda mi confianza en ti como persona leal y de confianza, y en adelante nunca podremos seguir en los mismos términos. Escoge –respondió el furioso conquistador.
Ayaz lloró, y después abrió la puerta del cuarto dejando que entraran también los cortesanos. El cuarto estaba vacío. Todo lo que había era un gancho en la pared y del gancho colgaban un manto raído con parches, un bastón y un tazón para mendigar.

El rey y su corte no pudieron comprender el significado de este descubrimiento. Cuando el rey pidió una explicación, Ayaz dijo:

- Majestad, por años he sido tu esclavo, amigo y consejero. He tratado de no olvidar mis orígenes, y por esta razón he venido todos los días a este cuarto a recordar lo que fui. Yo te pertenezco, y todo lo que me pertenece a mí son mis harapos, mi bastón, mi tazón de mendigar y mis travesías por la faz de la tierra.

martes, 3 de mayo de 2016

LA FÓRMULA.

ANTHONY DE MELLO.
El místico regresó del desierto.
“Cuéntanos”, le dijeron con avidez, “¿cómo es Dios?”.

Pero ¿cómo podría él expresar con palabras lo que había experimentado en lo más profundo de su corazón? ¿Acaso se puede expresar la Verdad con palabras?

Al fin les confió una fórmula –inexacta, eso sí, e insuficiente-, en la esperanza de que algunos de ellos pudiera, a través de ella, sentir la tentación de experimentar por sí mismo lo que él había experimentado.

Ellos aprendieron la fórmula y la convirtieron en un texto sagrado. Y se la impusieron a todos como si se tratara de un dogma. Incluso se tomaron el esfuerzo de difundirla por países extranjeros. Y algunos llegaron a dar su vida por ella.

Y el místico quedó triste. Tal vez habría sido mejor que no hubiera dicho nada.

lunes, 2 de mayo de 2016

FABRICANTE DE ETIQUETAS.

ANTHONY DE MELLO.
La vida es como una botella de buen vino.
Algunos se contentan con leer la etiqueta.
Otros prefieren probar su contenido.

En cierta ocasión mostró Buda una flor a sus discípulos y les pidió que dijeran algo acerca de ella.
Ellos estuvieron un rato contemplándola en silencio.
Uno pronunció una conferencia filosófica sobre la flor.
Otro creó un poema.
Otro ideó una parábola.
Todos tratando de quedar por encima de los demás.

¡Fabricantes de etiquetas!

Mahakashyap miró la flor, sonrió y no dijo nada. Sólo él la había visto.

¡Si tan sólo pudiera probar un pájaro, una flor, un árbol, un rostro humano…!

Pero ¡ay! ¡No tengo tiempo!

Estoy demasiado ocupado en aprender a descifrar etiquetas y en producir las mías propias. Pero ni siquiera una vez he sido capaz de embriagarme con el vino.

domingo, 1 de mayo de 2016

LA PREGUNTA.


 ANTHONY DE MELLO.

Preguntaba el monje: “Todas estas montañas y estos ríos y la tierra y las estrellas… ¿de dónde vienen?

Y preguntó el Maestro: “¿Y de dónde viene tu pregunta?”.

¡Busca en tu interior!