domingo, 7 de diciembre de 2014

EL SABIO Y LA TORTUGA

(DSUANG-TSE)
El sabio chino estaba pescando en el río y gozando de la paz que se respiraba en la orilla, cuando se acercaron dos altos oficiales para decirle:
“Nuestro Príncipe ha decidido darle el encargo de administrar el Estado”.
El sabio continuó pescando sin girar la cabeza. Después dijo:
“He oído hablar de una tortuga sagrada que murió a la edad de tres mil años. El Príncipe conserva cuidadosamente esta reliquia encerrada en un cofre en el templo de las Aves. Ahora pregunto, ¿qué os parece, aquella tortuga preferiría estar muerta y hacer venerar sus restos, o en cambio preferiría estar viva y menear la cola en el fango?”.
“Ciertamente preferiría estar viva y menear la cola en el fango”, respondieron al unísono los dos oficiales.
“Y entonces, ¡dejadme en paz!, no ansío ningún poder ni veneración. Prefiero estar vivo y consciente en lugar de encerrarme en los asuntos de palacio.” 

sábado, 6 de diciembre de 2014

LOS DOS HERMANOS.

(CUENTO TRADICIONAL EGIPCIO).
Dos hermanos, el uno soltero y el otro casado, poseían una granja cuyo fértil suelo producía abundante grano, que los dos hermanos se repartían a partes iguales.
Al principio todo iba perfectamente. Pero llegó un momento en que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las noches, pensando:
-No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha: pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidará de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro mucho más de lo que actualmente ahorra, porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía…”
Entonces se levantaba de la cama, acudía sigilosamente adonde su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.
También el hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y a decirse a sí mismo:
-“Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?”.
Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.
Un día, se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron el uno con el otro, cada cual con un saco de grano a la espalda. Se explicaron los motivos y su relación de hermanos quedó fortalecida para siempre.
Muchos años más tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y cuando los ciudadanos decidieron erigir un templo, escogieron para ello el lugar en el que ambos hermanos se habían encontrado, porque no creían que hubiera en toda la ciudad un lugar más santo que aquél.

 

viernes, 5 de diciembre de 2014

CEGADOS POR EL ORO.

(CUENTO PERSA)
Había un hombre que deseaba poseer oro: tanto oro, todo el oro posible. Lo deseaba tan ardientemente que ya no tenía pensamiento para otro cosa, ni era capaz de desear nada más. El oro se había convertido para él en una obsesión anclada en su mente.
En las vitrinas de las joyerías y en los escaparates no veía que, además de los collares relumbrantes de oro, había también otras tantas cosas bellas.
Un día no pudo resistir más: entró derecho en la tienda de los joyeros, agarró de prisa un puñado de brazaletes de oro y salió corriendo.
Naturalmente, fue en seguida arrestado, y los policías le dijeron:
“¿Pero cómo pensabas poder escapar? La joyería estaba llena de gente.
“¿De verdad?”, dijo el hombre sorprendido. “No me había dado cuenta. Yo no veía más nada que el oro.” 

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jueves, 4 de diciembre de 2014

LAS EDICIONES INVISIBLES.


(PARÁBOLA ZEN)
Tet-sugen, un alumno Zen, asumió un tremendo compromiso: imprimir siete mil ejemplares de unas oraciones, que hasta entonces sólo podían conseguirse en chino.
Viajó a lo largo y ancho del Japón recaudando fondos para su proyecto. Algunas personas adineradas le dieron hasta cien monedas de oro, pero el grueso de la recaudación lo constituían las pequeñas aportaciones de los campesinos. Y Tet-sugen expresaba a todos el mismo agradecimiento, prescindiendo de la suma que le dieran.
Al cabo de diez largos años viajando de aquí para allá, consiguió recaudar lo necesario para su proyecto. Justamente entonces se desbordó el río Uji, dejando en la miseria a miles de personas. Entonces Tet-sugen empleó todo el dinero que había recaudado en ayudar a aquellas pobres gentes.
Luego comenzó de nuevo a recolectar fondos. Y otra vez pasaron varios años hasta que consiguió la suma necesaria. Entonces se desató una epidemia en el país, y Tet-sugen volvió a gastar todo el dinero en ayudar a los damnificados.
Una vez más, volvió a empezar de cero y, por fin, al cabo de veinte años, su sueño se vio hecho realidad.
Las planchas con que se imprimió aquella primera edición de las oraciones Zen se exhiben actualmente en el monasterio de Obaku, de Kyoto.
Los japoneses cuentan a sus hijos que Tet-sugen sacó, en total, tres ediciones del libro de oraciones, pero que las dos primeras son invisibles y muy superiores a la tercera. 

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miércoles, 3 de diciembre de 2014

LA PLUMA EN EL CORAZÓN.

(DINO SEMPLICI)
Había una vez un pensador. Durante el día y gran parte de la noche, alrededor de su cabeza rondaban millares de pensamientos que él atrapaba con las sutiles redes de su mente y clavaba, uno detrás de otro, hasta llegar a formar larguísimas cadenas de férrea lógica.
El pensador sabía su profesión: excavaba, limaba, usaba el buril y el cincel, el bisturí y la hoja de afeitar.
Pero, precisamente por esto, sus obras eran como un bloque de hielo.
La gente las leía, es verdad, pero permanecía casi asustada. Un día su mejor amigo se lo hizo notar:
-¿Porqué no intentas mojar tu pluma en el corazón, y no sólo en el cerebro?
-Porque la tinta del corazón no puede expresar pensamientos, solo emociones y afectos, y éstos son como la niebla de la verdad.
Pasaron muchos años y, como sucede a muchos, un día el cerebro del pensador se bloqueó. Inmóvil en una poltrona, la pluma entre los dedos contraídos, los ojos agujereando el vacío, ningún pensamiento pasaba ya por la mente del hombre, ni siquiera uno con la luminosidad de una luciérnaga.
Un día el viejo amigo vino a visitarlo. Y cuál fue su sorpresa al ver, sobre el escritorio del pensador, una hoja de papel densamente cubierta de señales rojas: era una poesía, la poesía más bella que jamás había leído, cálida como una caricia y luminosa como el alba.
El pensador yacía unos metros más allá, volcado. Finalmente, había mojado su pluma en el corazón. 

martes, 2 de diciembre de 2014

POR UN TROZO DE PAN.

(BRUNO FERRERO)
Hacía más de veinte años que no pisaba una iglesia. Se acercó titubeante a un confesionario. Se arrodilló y, tras un instante de duda, se desahogó entre lágrimas:
-Tengo las manos manchadas de sangre. Fue durante la retirada del frente ruso. Cada día moría alguno de los nuestros. El hambre era terrible. Nos habían dicho que antes de entrar en las isbas (las cabañas de madera de la estepa rusa) pusiéramos la mano en el gatillo del fusil, listos para disparar a la primera señal de peligro. Yo había entrado en una de estas isbas, una vivienda de cuatro por seis metros. En su interior encontré a un anciano y una chica rubia de ojos azules, cargados de tristeza.
-Pan. ¡Quiero un poco de pan! –les ordené.
La chica se inclinó.
Yo pensé que iba a coger un arma, una bomba. Disparé sin pensarlo. Cayó boca arriba con un hilo de sangre en la comisura de los labios. Cuando me acerqué, vi que la chica apretaba en su mano un pedazo de pan. Había matado una chica de catorce años, una niña inocente que iba a darme un trozo de pan. Luego me di a la bebida intentando olvidar, pero ¿cómo? ¿Hay perdón para mí? 

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lunes, 1 de diciembre de 2014

CUANDO DIOS CREÓ AL PADRE.

(ERMA BOMBECK)
Cuando Dios decidió crear al padre, empezó con una estructura más bien alta y robusta. Entonces un ángel que estaba allí cerca le preguntó:
-¿Pero qué clase de padre es éste? Si a los niños los vas a hacer enanos como tapones de botella, ¿dónde vas con un padre tan alto? No podrá jugar a las canicas sin ponerse de rodillas, recoger el embozo de las sábanas de su pequeño sin agacharse y casi ni besarlo sin romperse el espinazo.
A Dios le entraron ganas de reír y contestó:
-Llevas razón, pero si yo lo hago pequeño como un niño, los niños no tendrán a nadie a quien levantar la vista.
Luego, cuando Dios modeló las manos del padre, Dios las hizo grandes y musculosas. El ángel sacudió la cabeza y dijo:
-Pero… unas manos tan granes ¿cómo van a abrir y cerrar un imperdible, abotonar o desabotonar pequeños botones y, ni siquiera, atar las trenzas o quitar una espinilla del dedo?
Dios sonrió y dijo:
-De acuerdo, pero son lo suficientemente grandes para coger todo lo que cabe en el bolsillo de un niño y lo suficientemente pequeñas como para poder acoger en la palma su carita.
Dios estaba creando los dos pies más enormes que jamás se hubieran visto, cuando el ángel saltó:
-Es una injusticia. Pero ¿es que tú crees que esas dos grandes barcazas van a lograr saltar de la cama por la mañana temprano cuando llora el bebé? ¿O a pasar entre una bandada de niños mientras juegan en la arena sin aplastar por lo menos a un par de ellos?
De nuevo a Dios se le escapó una sonrisa y respondió:
-Tranquilo. Verás como funcionan. Servirán para sostener en vilo a un niño que quiere jugar al caballito o para ahuyentar los ratones en la casa del pueblo o incluso para calzar las botas que no servirían a nadie más.
Dios se quedó trabajando toda la noche, dándole al padre pocas palabras pero una voz grave y con autoridad, ojos bien abiertos capaces de verlo todo y a la vez serenos y comprensivos… Al final, se quedó un poco pensativo y le añadió un pequeño detalle: las lágrimas. Luego se giró hacia el ángel y comentó:
-Los hombres también lloran… Y ahora, ¿te convences de que un padre es capaz de amar tanto como una madre?